Ma tête en cage (Mi cabeza enjaulada)
El primer confinamiento no fue solo fuente de frustraciones, de escuela en casa, de vueltas a la manzana o de huertas exuberantes. Fue también el tiempo de la inmersión interior y del vínculo distendido, casi fantasmagórico: mensajes, enlaces compartidos hacia experiencias artísticas solitarias, escritos diarios deshilvanados, pequeños gestos de amistad para sostener y retener, para compartir nuestras experiencias de artistas madres encerradas en casa, impedidas, detenidas, varadas.
Para nosotras dos fue el comienzo de una colaboración y el nacimiento de un proyecto surgido de esa experiencia: un objeto que pusiera en escena la voz interior de una mujer, madre de familia, confinada en su cabeza. Dos impulsos: hablar de nosotras y de nuestro encierro interior, y trabajar la inquietante extrañeza. Nos inspiró el universo de Murakami, esa capacidad de partir de lo cotidiano y de la anécdota para hacerlos deslizar suavemente hacia lo extraño, sin terminar de caer en él.
El sonido en sí mismo es una imagen, y toda imagen tiene un sonido. La música y el sonido significan en el relato, con su lenguaje propio, formas de representación que amplían nuestra comprensión del mundo. A veces el sonido contraría el relato, lo impide o lo sublima. Puede hundirse en lo irreal y volver sin peligro. Dice sin decir; encarna lo que el texto calla.